El uso ético de la tecnología y la circulación de los afectos en “Kentukis”


En el siguiente texto abordaremos el tema del uso ético de la tecnología y la circulación de los afectos en la novela Kentukis de Samanta Schweblin, perteneciente al género de la ciencia ficción, específicamente una distopía. En un principio, realizaremos una introducción generalizada al tema principal de la historia, los kentukis. Siendo así, presentaremos a todos los protagonistas de los relatos individuales, de los que nos focalizaremos solamente en dos historias principales y así relacionarlas con la construcción de los vínculos afectivos teniendo en cuenta las consecuencias que conllevan tanto en la privacidad como la moralidad. 

Samanta Schweblin, autora del libro Kentukis.

El papel que corre la tecnología se advierte en un primer instante la existencia de unos dispositivos camuflados por una apariencia animal, que cuentan con un lente de cámara en sus ojos, permitiendo capturar en ese preciso momento a quienes lo posean, contando con un cargador para recuperar su batería a causa del uso dado de quien se encuentre del otro lado ya que sino perderían aquel contacto.  He aquí aparece la división: quienes optan por ser kentukis, es decir, comprando una conexión que al cortarse esta será irrecuperable, o poseer estos peluches peculiares dejando al azar, que su vida sea observada por un desconocido, debido a que era imposible prever quién se encontraba controlando el kentuki, estos se hallaban a la venta empaquetados y solamente presentando el dibujo del aspecto de tal. Eran comercializados en todas partes del mundo, a bajo costo, por lo que era un producto muy accesible, que rápidamente se convirtió popular.
Portada del libro Kentukis junto a una representación sugestiva de los muñecos.


En el transcurso de la obra, se hallan historias que son narradas una única vez, mientras que otras constan de varias partes, pudiendo ser consideradas como las principales, estas son la de: Emilia, Alina, Grigor, Marvin y Enzo. Por otro lado, aquellos relatos independientes integran a Cheng Shi Xu; Claudio; Ishmael; Amy, Katia y Robin; el geriátrico Mossèn Cinto y finalmente, las dos niñas.
Dentro del relato de Alina, se presenta un conflicto de pareja con grandes dificultades en la comunicación, esto comienza a alterar la personalidad de la protagonista, tornándose muy reservada y solitaria. Todo el resentimiento generado por los sentimientos guardados de Alina, es volcado hacia el kentuki con forma de cuervo, al cual llama Coronel Sanders, adquirido en el mercado de Oaxaca (situado en México). La relación pasa ser entre sujeto y objeto, cuando en realidad, consiste en un vínculo entre dos sujetos mediado por un objeto. Ella comienza a torturarlo de diversas formas (le corta las alas, lo había forzado a ver un video pornográfico, entre otras cosas) puesto a que no le agradaba la idea de no saber qué tipo de ser se encontraba observándola en su intimidad, temía que fuera alguien que pudiera hacer algo que la perjudicara, ya que asumía que finalmente, el kentuki sería quien obtendría más información en lo que respecta a ambos. Es por eso, que además de su motivación inconsciente, decide dejar al Coronel, incapaz de comunicarse, considerándolo “una crueldad necesaria” (p. 29).  Pese a ello, Alina descubre que quien se hallaba oculto bajo la piel de ese dispositivo se trataba de un niño, al cual había afectado muy gravemente, a partir de la exposición artística de su esposo Sven, donde ella queda expuesta frente a un gran público.
Por otro lado, se encuentra la historia de Enzo, ambientada en Italia, Umbertide. Dicho hombre, era el padre de Luca, él contaba con la tenencia del niño ya que estaba divorciado de su madre, Nuria, por lo que habían recurrido a una psicóloga, sin embargo, ella había tomado simpatía por su exesposa. Ambas no creían adecuada la idea de que Luca tuviera un kentuki, habían visto varios casos informados sobre pedofilia. Aún así, Enzo no lo veía como un problema, ya que había formado un vínculo con el dispositivo, incluso lo había nombrado Míster, ambos eran capaces de entenderse. De hecho, el kentuki había tomado un rol de co-paternidad donde colaboraba al ordenar las prendas de ropa que el niño dejaba tiradas en el suelo, si su padre le ordenaba hacer la tarea y él se distraía, se encargaba de avisarle a su “amo”, de igual forma si se quedaba dormido. A pesar de esto, Enzo quería conocer más acerca de quién se hallaba detrás del aparato, ya que Míster pasaba gran parte del día con ellos, como si se apartara de tal conexión. Por lo tanto, él le muestra su número de teléfono para establecer un contacto mayor. No obstante, esto repercute de manera extraña en el kentuki, el cual desaparece por un tiempo hasta que un día, llaman a su teléfono una voz solicitando ver nuevamente a Luca. Enzo comprende que, finalmente, era cierto, el sujeto que se encontraba detrás de Míster era un pedófilo, haciendo que decida destruir el aparato.
Ambos personajes se encuentran frente a la gran incógnita de quién se encuentra detrás del “ser” kentuki, en el caso de Alina, sabe los riesgos que corre al comprar este dispositivo, lo cual la atemoriza y la motiva a realizar actos moralmente reprochables hacia este, mientras que Enzo, no toma conciencia acerca de esto y le confía parte de su trabajo como padre, exponiendo la intimidad de su hijo. Estos puntos de vista representan en parte, dos extremos frecuentes a la hora de utilizar tecnologías orientadas principalmente a las redes sociales. Además, podemos destacar cómo tanto en las dos historias se ven influenciados por los afectos personales que han creado, en el caso de Alina, se ve influenciada por sus problemas con su pareja (llevando su realidad a la del kentuki), en cambio, Enzo encariñándose con Míster (dificultando la posibilidad de percibir una realidad).
En la actualidad, la tecnología es capaz de romper distancias, pero a su vez, como efecto secundario, se ingresa al mundo de la imagen, y en cierta forma ocurre algo similar en la realidad, por ejemplo: cuando observamos a una persona a lo lejos, creemos ver ciertas cosas, que no podremos asegurar hasta encontrarnos frente a frente. Las redes sociales, tampoco han logrado revertir esto, puesto a que si bien busca cumplir un rol de medio, da la posibilidad de crear nuestra propia imagen, mostrando entonces, aquello que deseemos. Es entonces, que es fundamental el acompañamiento de un uso ético de las tecnologías, ser consciente de los posibles riesgos sin limitarse de una forma extremada, no ponderar el papel de estas, sin dejar también, que monopolicen el control de la realidad.


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