El uso ético de la tecnología y la circulación de los afectos en “Kentukis”
En el siguiente texto abordaremos el
tema del uso ético de la tecnología y la circulación de los afectos en la
novela Kentukis de Samanta Schweblin, perteneciente al género de la
ciencia ficción, específicamente una distopía. En un principio, realizaremos una
introducción generalizada al tema principal de la historia, los kentukis. Siendo
así, presentaremos a todos los protagonistas de los relatos individuales, de
los que nos focalizaremos solamente en dos historias principales y así
relacionarlas con la construcción de los vínculos afectivos teniendo en cuenta
las consecuencias que conllevan tanto en la privacidad como la moralidad.
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| Samanta Schweblin, autora del libro Kentukis. |
El papel que corre la tecnología se advierte en un primer instante la existencia de unos dispositivos camuflados por una apariencia animal, que cuentan con un lente de cámara en sus ojos, permitiendo capturar en ese preciso momento a quienes lo posean, contando con un cargador para recuperar su batería a causa del uso dado de quien se encuentre del otro lado ya que sino perderían aquel contacto. He aquí aparece la división: quienes optan por ser kentukis, es decir, comprando una conexión que al cortarse esta será irrecuperable, o poseer estos peluches peculiares dejando al azar, que su vida sea observada por un desconocido, debido a que era imposible prever quién se encontraba controlando el kentuki, estos se hallaban a la venta empaquetados y solamente presentando el dibujo del aspecto de tal. Eran comercializados en todas partes del mundo, a bajo costo, por lo que era un producto muy accesible, que rápidamente se convirtió popular.
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| Portada del libro Kentukis junto a una representación sugestiva de los muñecos. |
Dentro del relato de Alina, se
presenta un conflicto de pareja con grandes dificultades en la comunicación, esto
comienza a alterar la personalidad de la protagonista, tornándose muy reservada
y solitaria. Todo el resentimiento generado por los sentimientos guardados de
Alina, es volcado hacia el kentuki con forma de cuervo, al cual llama Coronel
Sanders, adquirido en el mercado de Oaxaca (situado en México). La relación
pasa ser entre sujeto y objeto, cuando en realidad, consiste en un vínculo
entre dos sujetos mediado por un objeto. Ella comienza a torturarlo de diversas
formas (le corta las alas, lo había forzado a ver un video pornográfico, entre
otras cosas) puesto a que no le agradaba la idea de no saber qué tipo de ser se
encontraba observándola en su intimidad, temía que fuera alguien que pudiera
hacer algo que la perjudicara, ya que asumía que finalmente, el kentuki sería
quien obtendría más información en lo que respecta a ambos. Es por eso, que
además de su motivación inconsciente, decide dejar al Coronel, incapaz de
comunicarse, considerándolo “una crueldad necesaria” (p. 29). Pese a ello, Alina descubre que quien se
hallaba oculto bajo la piel de ese dispositivo se trataba de un niño, al cual
había afectado muy gravemente, a partir de la exposición artística de su esposo
Sven, donde ella queda expuesta frente a un gran público.
Por otro lado, se encuentra la
historia de Enzo, ambientada en Italia, Umbertide. Dicho hombre, era el padre
de Luca, él contaba con la tenencia del niño ya que estaba divorciado de su
madre, Nuria, por lo que habían recurrido a una psicóloga, sin embargo, ella
había tomado simpatía por su exesposa. Ambas no creían adecuada la idea de que
Luca tuviera un kentuki, habían visto varios casos informados sobre pedofilia.
Aún así, Enzo no lo veía como un problema, ya que había formado un vínculo con
el dispositivo, incluso lo había nombrado Míster, ambos eran capaces de
entenderse. De hecho, el kentuki había tomado un rol de co-paternidad donde
colaboraba al ordenar las prendas de ropa que el niño dejaba tiradas en el
suelo, si su padre le ordenaba hacer la tarea y él se distraía, se encargaba de
avisarle a su “amo”, de igual forma si se quedaba dormido. A pesar de esto,
Enzo quería conocer más acerca de quién se hallaba detrás del aparato, ya que
Míster pasaba gran parte del día con ellos, como si se apartara de tal
conexión. Por lo tanto, él le muestra su número de teléfono para establecer un
contacto mayor. No obstante, esto repercute de manera extraña en el kentuki, el
cual desaparece por un tiempo hasta que un día, llaman a su teléfono una voz
solicitando ver nuevamente a Luca. Enzo comprende que, finalmente, era cierto,
el sujeto que se encontraba detrás de Míster era un pedófilo, haciendo que
decida destruir el aparato.
Ambos personajes se encuentran frente
a la gran incógnita de quién se encuentra detrás del “ser” kentuki, en el caso
de Alina, sabe los riesgos que corre al comprar este dispositivo, lo cual la
atemoriza y la motiva a realizar actos moralmente reprochables hacia este,
mientras que Enzo, no toma conciencia acerca de esto y le confía parte de su
trabajo como padre, exponiendo la intimidad de su hijo. Estos puntos de vista
representan en parte, dos extremos frecuentes a la hora de utilizar tecnologías
orientadas principalmente a las redes sociales. Además, podemos destacar cómo
tanto en las dos historias se ven influenciados por los afectos personales que
han creado, en el caso de Alina, se ve influenciada por sus problemas con su
pareja (llevando su realidad a la del kentuki), en cambio, Enzo encariñándose
con Míster (dificultando la posibilidad de percibir una realidad).
En la actualidad, la tecnología es
capaz de romper distancias, pero a su vez, como efecto secundario, se ingresa
al mundo de la imagen, y en cierta forma ocurre algo similar en la realidad,
por ejemplo: cuando observamos a una persona a lo lejos, creemos ver ciertas
cosas, que no podremos asegurar hasta encontrarnos frente a frente. Las redes
sociales, tampoco han logrado revertir esto, puesto a que si bien busca cumplir
un rol de medio, da la posibilidad de crear nuestra propia imagen, mostrando
entonces, aquello que deseemos. Es entonces, que es fundamental el
acompañamiento de un uso ético de las tecnologías, ser consciente de los
posibles riesgos sin limitarse de una forma extremada, no ponderar el papel de
estas, sin dejar también, que monopolicen el control de la realidad.




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