La maternidad siniestra en Distancia de rescate de Samanta Schweblin


  En la novela literaria Distancia de rescate de la autora Samanta Schweblin, se presentan varios elementos que pueden ser analizados y desarrollados. Uno de ellos puede ser el campo como un concepto tenebroso, donde este espacio no es más un sitio turístico seguro, sino un rejunte de peligros a causa de su contaminación. Otro elemento, puede ser la representación de la maternidad, que se presenta de una manera más extraña a lo que se ve normalmente, inspirando un aire siniestro y tenebroso a lo largo del desarrollo de la historia.

Samanta Schweblin, autora de Distancia de rescate
  El título Distancia de rescate comienza a hacer alusión a aquello que resulta tenebroso en la historia, aquello que se postula como maternidad siniestra. Ya desde el título, se alude a la representación de la maternidad: Distancia de rescate, es aquella distancia entre una madre y un hijo, y es la que marca, en menor o mayor medida, la capacidad de rescate de la madre al hijo en caso de que algo malo sucediese. Se describe como un hilo invisible que tira del estómago de la madre y la conecta con su hija. En este caso conecta a Amanda con su hija Nina. El hecho más curioso de esto podría ser su alusión a un cordón umbilical invisible, que tira del ombligo de la madre bajo circunstancias de peligro, postulada por Samantha Schweblin en una de sus entrevistas. “Esta idea de distancia de rescate tiene que ver con el hilo umbilical, que es un hilo físico que une dos cuerpos y que en un momento se corta de una manera muy violenta (...) pero me parece qué hay algo que queda ahí muy tirante, invisible, entre madre e hijo” dice Schweblin en su entrevista a la revista Lemas de Ghandi.
Portada de la primera edición de Distancia de rescate
  En la narración, se cuenta cómo está madre e hija comienzan a vacacionar en el campo, que se vuelve siniestro debido a su excesiva contaminación, lo que provoca que muchos niños del lugar posean distintas enfermedades y deformidades que resultan espantosamente tenebrosas para Amanda, que jamás podría permitirse que Nina atraviese algo así, como lo que tienen esos nenes de campo.       Allí, ambas conocen a Carla, una pueblerina y su hijo, el pequeño David, afectado por las contaminaciones del lugar. Lo siniestro vuelve a hacerse presente en un sueño, o una pesadilla que tiene Amanda, donde cree ver a su hija comer arvejas rústicas del lugar, algo que jamás permitiría teniendo en cuenta los peligros de aquel campo.
“—Nina... —dice mi marido.
— No soy Nina —dice Nina.
(...)
—¿De dónde salió esa lata, Nina? —mi pregunta suena más firme de lo que
hubiera querido. Y Nina dice:
—No sé a quién le está hablando, señora Amanda.
(...)
Miro a mi marido.
—¿Con quién estamos hablando? —le pregunta él, siguiéndole el juego.
(...)
—Soy David —dice Nina, y me sonríe.” Schweblin S. Distancia de rescate. (2014). Página 25-26.
  Esta cita nos puede llegar a mostrar el miedo o terror de Amanda de que su hija se encuentre en condiciones similares a la de los niños contaminados de aquel campo, manifestado en una pesadilla en la cual su hija no es más su hija, sino David, el hijo enfermo de Carla.

  De esta manera, la maternidad deja de ser de definida de la forma como se lo hace tradicionalmente como una bendición, algo tierno o que implica felicidad, sino qué pasa a ser extremadamente obsesiva y sobreprotectora, el vínculo madre-hijo de esta novela llega a un punto tan extremo de romantización que se vuelve tenebroso, dando lugar, entonces, a lo siniestro, a la maternidad siniestra. En un mundo atravesado por un sistema que lo único que busca es sacar un beneficio económico de la tierra y de los cuerpos, los vínculos se vuelven difíciles, el ejercicio de la maternidad es cada vez más difícil. Y la exacerbación del capitalismo deja como resultado madres muertas y niños enfermos.



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